El signo de nuestros tiempos

Escribí estas 700 palabras para la edición sobre tauromaquia del suplemento Crítica, del periódico NTR. Karen me mandó mensaje pidiéndome una postura en contra de este fenómeno. Por supuesto: ¿acaso todavía hay viejitos rejegos creyendo que se puede justificar la lidia de toros? No lo sé, Rick. Pero pensé en el fin del mundo y en Harry Styles y que Ozuna borró todo el contenido de su Instagram luego de decir que nunca lo habían contratado para la Feria de Zacatecas y me dije: "Realmente hay cosas más importantes que la satisfacción de una decena de personas que creen que ver morir a un toro es tener una personalidad". Pero, oh cielo, realmente todo esto es el signo de nuestros tiempos.
Link a la publicación digital: http://eldiariontr.com/2019/09/18/critica

Hoy, en el funeral del abuelo de mi sobrino, luego de verlo en el féretro, él preguntó: “¿Por qué mi abuelito tiene en sus manos un rosario?”. No supimos qué decirle. Su papá le contestó, luego de pensarlo un rato, aunque sin estar muy seguro: “Pues así se acostumbra”.

Al vivir en un estado como Zacatecas –en el centro de un país plagado de contrastes, en el que la mitad de sus nacidos parten a Estados Unidos, y 60 de cada 100 habitantes migran a otros estados de la república– lo que mantiene la cohesión es la costumbre. Nosotros como zacatecanos nos sentimos orgullosos de decir “reborujado”, de comer gorditas de yesca o de asistir a los múltiples festivales culturales en el centro histórico. Estas coincidencias nos hacen comunidad.

Sin embargo, e inevitablemente, el tiempo pasa, y se convierte en el juez de lo que ha de perdurar. Es evidente, pues, que mientras la cultura globalizada prevalece, las viejas tradiciones enraizadas en la religión católica han dejado de representar a las nuevas generaciones.

John Martin, The End of the World, The Great Day of His Wrath, Tate Britain, London, 1851-53

En el caso particular de la tauromaquia (o las corridas de toros o simplemente “los toros”), su relación con los zacatecanos ha sobrevivido las críticas y el desinterés generalizado porque se ha convertido en un placer de ese porcentaje adinerado y conservador que, a lo ancho y largo del país, han tomado como bandera a su alineación política. Si decimos que todo lo privado es público, podemos decir, entonces, que toda costumbre es política. Y a inicios del siglo 21, caracterizado ya por la lucha de la justicia social y la preservación de la naturaleza, parece inconcebible que se les permita a las corridas de toros operar como lo ha hecho desde la Conquista.

El asesinato de un animal, de la manera ritualística que recuerda más bien al Antiguo Testamento, tendría cabida en una sociedad en que las manifestaciones culturales todavía tienen un tinte religioso. Si se sacrificaba a una vaca era para agradar a aquel dios patriarcal, perdido en las nubes. Si se sacrificaba a una persona era para calmar al dios lluvia y a sus aguas mortales. Ahora, como brillantes conquistadores del neutrino y de los agujeros negros, ¿tenemos los seres humanos que asesinar a un animal? 

En la Edad Media, decía Bajtín, se hacían los carnavales tomaban lugar para oponerse a la cultura oficial, al tono serio, religioso y feudal de la época. En septiembre de 2019, junto con el ambiente de la feria en honor a la fundación de Zacatecas y a la virgen patrona de la ciudad, se celebra la Fiesta Taurina, que para la gran mayoría no es un festejo importante o agradable de presenciar.

Yo recuerdo la primera vez que asistí a una corrida. Me pareció una celebración complicada, aburrida y violenta. Una celebración alejada a mi realidad y a mi contexto. Luego de que presencié la muerte del primer toro, le pedí a mi padre que me sacara de ahí. No he vuelto a presencial otra lidia y no planeo hacerlo. 

Más de la mitad de los mexicanos está a favor de prohibir las corridas de toros, según una encuesta que se realizó luego de que el presidente Andrés Manuel López Obrador consideró someter su prohibición a la opinión pública. El 59% de los mexicanos votaría a favor de restringir las corridas de toros; en contra, 31% se opondría.

Nuestros rituales son otros. Nuestras luchas son diferentes a las que se pugnaban a principios del siglo 20, en la Época Dorada de la tauromaquia. A nuestra generación –millenials o generación Z, como quieran decirles– nos interesa, por ejemplo, tener un planeta habitable. Nos interesa el salvaguardar la frágil economía que nos han dejado las generaciones pasadas. Nos interesa saber quién o quién no nos dio follow en Instagram o qué nuevo single ha sacado Bad Bunny.

El culto a la sangre derramada ha quedado atrás; no sólo el de los animales, inocentes víctimas de los laberintos de nuestra cultura, sino de las personas que han perdido la vida en el daño colateral del ego del hombre.

Es tiempo de responder los grandes cuestionamientos de nuestra vida no con un “así se acostumbra”, sino con una visión responsable y humana.

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sputnikan

Juana de Arco wannabe. Escribo porque, honestamente, no sé hacer otra cosa. Tengo muchas madres y muchos padres y muchos hijos. Me como la luz ámbar a cucharadas. Un día voy a vivir para siempre.

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