Perros mirando hacia abajo: un ejercicio en el mindfullness

Esto debe ser como una tendencia mía bien marcada. Hasta hoy me percato. Si recapitulo sin pensarlo mucho, encuentro clases de natación, gimnasia, un día de ballet, karate, kick boxing, yoga y las 3 veces que he entrado al gimnasio increíblemente motivada y no he vuelto por una y otra razón. Cuento esto sin considerar las optativas del colegio, de las que huía porque en mi papel de ñoña rechazada no me sentía del todo bien siendo portera/tiro al blanco del equipo de fútbol o el integrante de brazos más débiles del equipo de voleibol.

La tendencia es que siempre he querido hacer deporte/ejercicio físico y siempre me encuentro a mí misma fracasando estrepitosamente. Creo que lo único en lo que mi disciplina no ha fracasado estrepitosamente es en el de escribir en el internet, y aún así lo estoy haciendo de manera terrible. Pero aquí estoy, 10 de enero del nuevo año 2019, y estoy completamente convencida de que puedo obligarme a seguir con disciplina, aunque sea 1 (UNA) cosa por 365 días en el año. Quiero decir, ni siquiera dormir lo hago bien, porque de repente me entra la locura estacional y me vuelvo a forzar a estar despierta durante 80 horas, al punto en que escucho sinfonías de Mozart saliendo de las cosas.

Así que en el maelstrom de las festividades navideñas tomé una resolución entre las muchas resoluciones que suelo tomar a fin de año: empezaría a hacer yoga todos los días. El 30 de diciembre encontré un canal en YouTube y una rutina de 31 días para hacer durante enero y el 1 de enero, con un poco de resaca, hice el primer día para alivio de mi columna y de mis huesos ateridos luego de meses en encierro godinato. ¡Dioses, qué alivio el del estiramiento antinatural de las extremidades! ¡Qué regalo el de la circulación de la sangre de cabeza a pies cuando uno hace un perro mirando hacia abajo!

Recuerdo con alegría los meses que mi hermana y mi tía íbamos a yoga, con un grupo de mujeres que tenían una forma brutal de hacernos sudar y doler con sólo plantar dos pies sobre el tapete. Durante ese tiempo, logré hacer muchísimas posiciones yoguis, cuyos nombres sánscritos se me escapan, y llevar mi nariz hacia la punta de mi dedo gordo sin molestia alguna. ¿A dónde se habrá ido esa flexibilidad? No lo sé, duds.

Esta mujer es como la Bob Ross del Yoga en casa

Total, que a los 5 días yo ya sentía una transformación sensible. Mis huesos crujían con alegría al despertar y mi postura al sentarme frente al computador mejoró visiblemente. Claro que no dejo de sentir dolor en todas las parte de mi cuerpo: panza, parte trasera de las piernas, el hueco de los codos, los hombros, el cuello. También comencé a salir a caminar por ahí sin rumbo, pero con prisa (imaginen a Flanders apretando el paso) durante una hora o 30 minutos. ¡Santo remedio a las aflicciones del horario de 9 a 5! Mi estómago dejó de doler (que según mi doctor, era un síntoma del “tipo emocional” lol) y comencé a dormir con mucho más gusto. Bueno, oigan, por favor, que esto no se trata de venderles la idea del yoga como estilo de vida, porque Vishnú sabe que soy un desastre, pero si lo que han necesitado durante estos días es ese mensaje que los invite a mover la carnes, este es.

El asunto del reto de 31 días que les puse allá arriba es que no haces yoga, sino que utilizas herramientas de la yoga para alinear lo que esté desalineado. ¡No lo sé Rick, pero a mí me ha funcionado perfectamente! Estar atento de tu cuerpo, de las plantas de tus pies, de algo tan sencillo como respirar a tiempo. Lo que los millenials llamamos mindfullness.

m i n d f u l l n e s s

Llevo 10 días en este proceso y estoy orgullosa de mí misma. Sin embargo, no me confío. A los 11 días dejé el NaNoWriMo para nunca volver (aunque siendo sincera, algunas críticas situaciones y personajes inútiles determinaron que noviembre de 2018 se volviera uno de los peores meses de mi existencia como ser humano en este planeta) y viendo mi historial deportivo, lo más probable es que esto dure otro par de meses más. Pero veamos qué sucede: si logro hacer 365 días de yoga y para el 31 de diciembre del 2019 puedo pararme de cabeza, flotar por los aires y soltar máximas hinduistas, entonces ya saben qué sucedió. Si para Marzo estoy dando excusas a mi personalidad aireada y caprichosa, alegando que mi pasado determina de manera innegable lo que hago en este presente, pues ya saben qué palabra dejar en los comentarios… “fracasada”.

Es broma lol. No... no dejen comentarios así porfavore. 

Anyway, estoy ahorita en leggings, con un video de 3 horas de música de yoga/spa/study de fondo y mi tapete en espera de verme sufrir por otros 30 minutos en las posiciones más fáciles del universo y sonriendo hacia la nada porque Adriene me ha dicho que el mejor estiramiento es el de la sonrisa sobre la cara. Si no fuera tan cínica, les diría que aquello es una paparrucha new age a la que no hay que prestarle atención. Pero como le he dado la vuelta entera a mi cinismo les digo que sí es verdad, que tiene razón.

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sputnikan

Juana de Arco wannabe. Escribo porque, honestamente, no sé hacer otra cosa. Tengo muchas madres y muchos padres y muchos hijos. Me como la luz ámbar a cucharadas. Un día voy a vivir para siempre.

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