Presentaciones y otros -perks-

Mientras la vida interior me lleva por derroteros que me gusta llamar de “devastación y desconsuelo insoslayable”, estos últimos meses he sobrevivido gracias a las pequeñas charlas y presentaciones que he llevado a cabo ahora que Orquídea de supermercado está allá afuera en el mundo. Es extrañísimo. A veces me encuentro a mí misma rumiando tonterías y me asalta la realización de que “Oh, cierto: tengo un libro”. Mi yo de 13 años me pediría más solemnidad. Yo, de 25 años, le tendría que explicar a esa chiquilla que, a pesar de sus esfuerzos, la vida siempre será vulgar e insoportable y absolutamente tediosa.

Esto no vulgar ni insoportable. Es precioso y lo tomo entre mis manos como quien tomaría una estrella de mar: sorprendido, emocionado y al borde del ataque de pánico al tener a una criatura tan excepcional tan cerca.

Es mi libro (que a veces leo y digo: cuándo santísimos escribí esto y por qué es hermoso, wtf) y muchas personas (más, más de las que esperaba) lo han leído. Chicos y chicas han leído las historias que me inventé a los 20 años y se han encontrado ahí, representados. A veces, en mis sueños de fama a la griega, me digo que necesito antes 70 premios, 5 millones de ejemplares vendidos y 3 películas en Netflix para darme por bien servida, pero yo ya me doy por bien servida. Que tomen entre sus manos mi libro y digan: Siento esto muy cerca, muy dentro. Lo entiendo y algo remueve en mí. Ese es todo mi trabajo como escritora.

La presentación oficial fue este 18 de diciembre, a las 6 de la tarde, en el cafe Punta del Cielo, frente a Catedral. Todo fue surreal. Me acompañaron el equipo de trabajo de Texere y la incondicional Arely (¡y las dos con primer nuevo libro!) y todos mis amigos y familia. ¿No suena eso casi irrespetuoso? Todo fue muy brillante, muy bonito, lleno de esas sensaciones de estar haciendo algo bueno y muy bien. Sólo por eso estoy agradecida. En serio, no me caben las gracias. Ando como recién conversa: salgo a la calle y me dan ganas de estrecharles las manos a todos los transeúntes. Algo así de ridículo. Ahora mismo, atenazada por los efectos secundarios de la vacuna para la influenza que muy inteligentemente me puse 3 horas antes de la presentación, me dan ganas de horadar mi cama y vivir en el hueco hasta los 60 años.

Pero fotos, fotos de las presentaciones:

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sputnikan

Juana de Arco wannabe. Escribo porque, honestamente, no sé hacer otra cosa. Tengo muchas madres y muchos padres y muchos hijos. Me como la luz ámbar a cucharadas. Un día voy a vivir para siempre.

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