Soleado

Mi mamá solía contar, de tiempo en tiempo, que la psicóloga le había dicho que me compraran un perrito, porque yo estaba deprimida. Yo he dicho también, de tiempo en tiempo, que de 10 años no me acuerdo de mi misma. No me recuerdo triste o sola. Es un espacio sin tiempo, sin sustancia, que estoy segura haber vivido pero de cuyas días no encuentro su peso.

Mis papás y yo queríamos un chihuahueño. En la veterinaria, acabamos llevándonos al beagle gordito que estaba dormido en su plato de comida.

Así lo recuerdo. Gordo y bonachón. Sonny

La vez que se metió un ladrón a robar, suponemos, Sonny lo recibió con lengüetazos. Cuando alguien nuevo llegaba a la casa por la puerta principal, Sonny no esperaba ni un segundo para hundir uñas, olisquear suelas y posar sendo trasero en las piernas del primer incauto. Simplemente los amaba a todos.

Así, también logró atravesar tela, plástico, madera y yeso, impelido por su hambre voraz. Dice Diana: “A Sonny sólo le faltaba una cosa: llenadera”. Unos de primeros sueños que tuve de mi perro, era de él convertido en salchichón con orejas. Las salchichas Fud eran su pasión. Las rebanadas de jamón, las naranjas maduras, la fruta, las tostadas charras, el brócoli, el papel con mocos, los calzones, la esquinas de nuestra casa se acumulaban en segundo lugar.

A veces, yo lloraba. Sonny saltaba a la cama y me olía la cara. Me hundía en su panza gorda, buscando consuelo y casi siempre funcionaba. A veces, me reía. De él, de camino al cerro, con el trasero hundido en un matorral, cagando por quinta vez, entusiasmado de hundir el trasero en las plantas, feliz de oler más cacas, de comer tierra, de raspar el zacate seco con sus patas delanteras y de llenarme de caca el pantalón. Copio el epitafio de Esquilo:

De sus cacas La Bufa fue testigo / y las palomas de grises alas, que tuvieron demasiado de él.

Mató ratas, ratones, gorriones y palomas. A él, lo afligió su gordura, la hinchazón de sus orejas, la cola fracturada, la patita chueca y, finalmente, la insuficiencia renal, que lo debilitó hasta hacerlo una sombra del maravilloso y brillante gordo que siempre fue. Tú sabes desde el principio que sobrevivirás a tu perro. Nosotros fuimos lo suficientemente tontos como para considerar su existencia en cantidades de enternidad.

Cuando lo mirábamos a la carilla regordeta, nos decíamos: Mi perro nopuede ser sólo un perro. Es una persona completa. Sentíamos su obstinada, latosa, ruidosa, amable y preciosa personalidad a través de sus ojos caramelo.

Lo he escuchado todo: los perros son nuestros mejores amigos. Los más fieles. Los más tiernos. Los más protectores. Es verdad, pero no es suficiente.

Sonny fue el Sol.

La canción es de Boney M, ese ecléctico grupo de funk ochentero conocido por el Ra-ra-rasputin. Uno de los primeros días, Sunny comenzó a sonar y mi perro entró corriendo hacia conmigo. Le dije a Diana o a mi mamá: Parece que le gusta la canción. De Toto, a Amigo, a Campeón, mi perro chiquito y gordito, pasó a llamarse Sonny. Sin la U, para evitar confusiones. 15 años después, cuando Jane llegó a la casa, pensaba: “Debí haberle puesto Cher”. Sonny and Cher. Algo así de tonto.

Sonny. Sonno. Soncho. Roncho. Gordelio. Bordelio. Chonny, Salchichony. El gordo. El mugre gordo. Que enseñó a mi gata a raspar puertas para exigir la entrada. Que una vez se fue corriendo hasta la Bufa y yo detrás de él. El que aceptaba a todos los chicos que metía a mi sala, con completa confianza. El que soltaba pelos a granel. El que se comió un sillón entero cuando nos fuimos de vacaciones. El tonto que una vez se quiso pelear con perro más grande que él. El beagle que roncaba como si fuera una Olimpiada. Mi perro, que llegó a nuestras vidas para hacernos feliz. Sólo eso. Y sólo eso hizo.

Una de las fotos más viejitas que tengo de él. De hace 8 años.
Sunny, yesterday my life was filled with rain.
Sunny, you smiled at me and really eased the pain.
The dark days are gone, and the bright days are here.
My Sunny one shines so sincere.
Sunny, one so true, I love you.

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sputnikan

Juana de Arco wannabe. Escribo porque, honestamente, no sé hacer otra cosa. Tengo muchas madres y muchos padres y muchos hijos. Me como la luz ámbar a cucharadas. Un día voy a vivir para siempre.

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