Emoji review: el 🤠 y su correspondencia con el estado de mi espíritu

No sé qué hora es y creo que he perdido la cabeza.

Pero en una nota un poco más, uhm, (cómo decirlo), ABSURDA, ya que en general la vida insiste en demostrarme que nada de lo que pueda tener un poco de decencia es real ni duradero, les traigo un post divertido y buena onda. Todo esto se me ocurrió cuando entre huelgas, chicles en los zapatos, reuniones secretas a horas antinaturales y la serie de “Maniac” en Netflix decidí que la mejor manera de perder la cabeza era poner a todo volumen Be The Cowboy de la poeta laureada, Mitski, y leer disertaciones acerca de si el arte de la Cueva de Palmira obedecía al arte por el arte o a deseos chamánicos. Una cosa llevo a otra y pasé 3 horas pensando en el emoji del vaquero.

Este emoji me ha ayudado a sobrellevar esto con un poco más de gracia, quiero suponer. En los mensajes no me veo tan desesperada cuando digo:

Oigan 🤠 deseo el dulce abrazo de la muerte.

89d65ce2-309e-4582-85bf-66e446a68dad

Todo se torna más suave, más entendible. Esta desesperación no es lo suficientemente seria como para no usar un emoji de manera irónica. Le he tomado cariño al pequeño sujeto, quiero decir, por lo que comencé a fijarme en su cambio de aparencia entre plataforma y plataforma, y por eso aquí les presento la lista definitiva y las calificaciones del emoji de vaquero y mis opiniones científicas y académicas acerca de cada hermosa representación. Si algún cazador del arte, en un futuro muy lejano, llegara a encontrar este post, díganle que esto es arte por el arte (¿o deseos chamánicos?).

Mis referencias son de: https://emojipedia.org/face-with-cowboy-hat/

1. 

apple cb

Por alguna extraña razón, no puedo confiar 100% en este tipo. Sé que es lo que podría llamar “el original” pero el uso de los ojos ovalados y la sonrisa con sólo una fila de dientes me hace creer que de ser esta una persona sería el típico modelo de stock que se ve equis y rubio y tonto, y que algún cibercafé usaría como imagen empresarial. Siento que no se ha ganado su título de vaquero, ¿saben?

Calificación: 5/10

 

2.

cb google

Este dude parece que va directo al Club de los Pequeñines. Este dude no me puede ayudar a representar lo que quiero decir cuando yuxtapongo el sustantivo “muerte” o “aflicción” junto con este emoji. Este es un emoji puro que quiere ir a su primer rodeo. No puedo mancharlo con mi perverso sentido del humor.

Calificación: 6/10

 

3.

cb microsoft

No sé ustedes, pero este vato tiene problemas. Serios. No confío en él. ¿Por qué se tapa los ojos con el sombrero?, ¿por qué con su sombrero intenta mostrarnos su “potente virilidad”?, ¿por qué sonríe como si ocultara algo? No sé, pero me da como vibras de No Country for Old Men. De que, vibras psicópatas. De que, uhm, este dude es de Monterrey y me dijo “pinche naca de provincia” en Twitter, type of thing. De que este dude voto por El Bronco. Culpo directamente a Bill Gates de esta cosa.

Calificación: 0/10

 

4.

cb samsung

A veces quiero defender a Samsung (porque honestamente sus celulares no me han explotado en la mano mientras canto las de Carly Rae Jepsen a todo volumen), pero a veces es difícil y tengo que reconocerlo. Este vaquero les salió idiota. No creo que tenga malas intenciones, pero no creo que sea capaz de reconocer una vaca de un caballo. Me gusta su sombrero, tho.

Calificación: 6/10

 

5.

cb whatsapp

Me cae bien este morro porque es el que me acompaña la mayoría del tiempo. Es como el tipo de vaquero (gay, obviamente) que de repente te hace compañía en alguna feria o baile de rancho cuando estás completamente ebria y devastada cerca de algún cubo de heno, llorando por las oportunidades perdidas. ¿Saben cómo? O sea, este dude me sacaría a bailar el Payaso de Rodeo y no le diría que no. Es buen compa y pone rolas chidas en las fiestas.

Calificación: 9/10

 

6.

cb twitter

Este vaquero es mi mejor amigo. Cuando hablo con él, a un lado del abrevadero, él sabe escuchar. Una vez me regaló una corona de margaritas y yo le prometí que le traería de la ciudad el libro de historias que su abuela le contaba en las noches, cuando no podía dormir. Es el héroe sentimental de mi novela pastoril. Sabe usar su sombrero bidimensional con gracia y entiende mis arrebatos histéricos y subtuits furiosos, que le causan una tonta ternura. ¡Este dude me manda fotos de vacas dormidas y yo le digo que lo amo y él sólo se ríe! Ugh, ¡qué hermoso vaquero!

Calificación: 10/10

 

7.

cb facebook

Este es como el primo menos carismático de mi amigo vaquero de Twitter. Siempre que estoy en Facebook espero que salga, pero aparece este dude, más definido, con un sombrero más grande que su cabeza, pero sonriendo de manera honesta. Es como el recuerdo aguado de alguien a quien amaste con fuerza cuando eras niño. Como dicen los aedos de nuestros tiempos, La Oreja de Van Gogh, este vaquero es “hoy mi premio de consolación”. ¡Qué melancolía!

Calificación: 7/10

 

8.

cb emojione

Not to be a bigot, pero ¿este emoji qué? Sé que es de un código abierto y está disponible para todos en la red, pero honestamente… su sombrero es ridículo y parece más bien recolector de fresas y no un hombre que sabe el arte de domar a un caballo. Es un timo.

Calificación: 3/10

 

9.

cb emojipedoa

Este rip off del emoji de Apple con sombrero gigante me dijo que se llamaba Don Domodin y era dueño del Domodin de Dimsdale, donde presentan a Crash Nebula sobre hielo.

Calificación: 5/10

 

10.

cb emojidex

Miren, no odio a los weaboos, porque de los 13 a los 15 yo también caía en los tramposos encantos de la cultura uwu, pero esto es una ofensa. Siento que este emoji es un morrito de 15 años que está haciendo cosplay de algún personaje de One Piece y simplemente no puedo respetarlo. ¿Las chapitas y la sonrisa enorme y falsa? Miss me with that weaboo shit. Ugh, de verlo me dan ganas de hacerle bullying.

Calificación: 1/10

 

11.

cb htc

Este vaquero pequeñín me recuerda a un compañero del gimnasio que era muy pequeño (un metro cincuenta quizá) que tenía unas largas pestañas, ojos de becerro y los brazos de La Roca en plena flexión. Por ser chino, siento que este emoji es como una versión de Jackie Chan en la de Shangai Noon (¡excelente película por cierto!). Estoy esperando a verlo repartir patadas voladoras y espero muchas cosas de él.

Calificación: 7/10

*

¡Amigues, lectores, testigos! Gracias por haber asistido a mi Ted Talk y los espero con ganas para el próximo Emoji Review y les dejo una rolita de mi mamá Mitski que ayudo a escribir todo esto. Grax.

Letanía en la cual ciertas cosas están tachadas, de Richard Siken

Cada mañana, las hojas de maple.

Cada mañana otro capítulo donde el héroe pasa su peso de un pie al otro. Cada mañana las mismas grandes y pequeñas palabras deletreando deseo, deletreando Estarás siempre solo y luego morirás.

Así que, tal vez, quería darte algo más que un catálogo de actos no-definitivos, algo más que esta desesperación.

Querido Así-y-Así, siento no haber asistido a tu fiesta.

Querido Así-y-Así, siento haber asistido a tu fiesta

y seducirte y haberte dejado magullado y arruinado, pequeña cosa triste.

Quieres una mejor historia. ¿Quién no?

Un bosque, entonces. Árboles preciosos. Y una mujer cantando.

Amor en el agua, amor bajo el agua, amor, amor y así sucesivamente.

Qué dulce mujer. ¡Canta mujer, canta! Y por supuesto, ella despierta al dragón.

El amor siempre despierta al dragón y de repente

llamas por todas partes.

Sé que piensas que soy el dragón, eso sería tan como yo, pero no lo soy. No soy el dragón.

Tampoco soy la princesa. ¿Quién soy yo? Soy sólo un escritor. Escribo cosas. Camino a través de tus sueños y me invento el futuro. Claro, hundo el bote del amor, pero eso viene después. Y sí, trago cristal, pero eso viene después.

Y la parte en la que te empujo al ras de la pared y cada parte de tu cuerpo roza los ladrillos, cállate

estoy llegando a eso.

Durante un tiempo pensé que yo era el dragón. Creo que te puedo decir eso ahora. Y, por un tiempo, pensé que también era la princesa, rosa algodón de azúcar, ahí sentada en mi habitación, en la torre del castillo, joven y hermosa y enamorada y esperándote confiadamente

pero la princesa se mira en el espejo y sólo ve a la princesa, mientras yo estoy aquí, bregando por el barro, respirando fuego y siendo apuñalado hasta la muerte.

Bien, entonces soy el dragón. Vaya cosa.

Tú todavía puedes ser el héroe.

¡Obtienes guantes mágicos! ¡Y un pez que habla! ¡Consigues ojos como linternas! ¿Qué más quieres?

Te cocinaré panqueques, te llevaré a cazar, te hablaré como si realmente estuvieras ahí.

¿Estás ahí, cariño? ¿Me conoces? ¿Está funcionando este micrófono?

Déjame hacerlo bien de una vez por todas, para que conste, déjame prepararte algo de crema y estrellas que se convierta en, te sabes la historia, simplemente el cielo.

Dentro de tu cabeza escuchas un teléfono timbrando y cuando abres los ojos, solamente un claro con un venado dentro. Hola cariño.

Dentro de tu cabeza el ruido del vidrio, el ruido de un accidente automovilístico, mientras los carros dan vueltas y explotan en cámara lenta.

Hola cariño, perdóname por eso.

Perdón por los codos huesudos, perdón por vivir ahí, perdón por la escena al fondo de la escalera y por estropear todo al decirlo en voz alta.

Especialmente eso, pero debí haberlo sabido.

Verás, yo tomo las partes que recuerdo y las coso juntas de vuelta

para crear una criatura que haga lo que digo o que me ame de vuelta.

No estoy muy seguro de por qué lo hago, pero en esta versión tú no te estás dando a comer a un hombre malo

contra un cielo negro salpicado de pequeñas luces.

Me retracto.

Las paredes de madera como ataúdes. Esos términos de las peores profundidades.

Me los llevo.

Aquí está la repetida imagen del amante destruido.

Tachada.

Manos torpes en un cuarto oscuro. Tachadas. Hay algo debajo del entarimado. Tachado. Y aquí está el tabernáculo reconstruido.

Aquí está la parte en donde todos eran felices todo el tiempo y todos estábamos perdonados, a pesar de que no lo mereciéramos.

Dentro de tu cabeza escuchas un teléfono timbrando, y cuando abres los ojos, te estás lavando en el baño de un extraño, de pie en una toalla amarilla, junto a la ventana, sólo a veinte minutos de distancia de la cosa más sucia que conoces.

Todas las habitaciones del castillo excepto esta, dice alguien, y se repente oscuridad, de repente, solamente oscuridad.

En la sala, en el patio destruido,

en la parte trasera del auto mientras las lucen pasan. En el gorgoteo y ruido del baño del aeropuerto, bañados en la luz antinatural de la farmacia, mis manos luciendo extrañas, mi cara extraña, mis pies demasiado lejos.

Y luego el avión, el asiento en la ventanilla frente al ala con una vista del ala y una pequeña bolsa de maníes.

Arribé a la ciudad y nos encontramos en la estación, tú sonriendo de una forma que me asustaba. Al fondo del callejón, a la vuelta de la sala de juegos, subiendo las escaleras del edificio, al pequeño cuarto de los grifos rotos, tus dibujos, todas tus cosas,

miré fuera por la ventana y dije

Esto no es muy distinto a casa

porque no lo era

pero entonces noté el cielo negro y todas esas luces.

Caminamos por la casa hacia el tren elevado.

Todos esos edificios, todo ese vidrio y el brillante y hermoso aire mecánico.

Estábamos dentro del vagón y comencé a llorar. Tú también estabas llorando, sonriendo y llorando de una forma que me ponía más histérico. Me dijiste que podía tener todo lo que quisiera, pero no pude decirlo en voz alta.

De hecho, dijiste El amor, para ti, es más grande que el típico amor romántico. Es como una religión. Es aterrador. Nadie querrá dormirse contigo nunca.

Muy bien, si eres tan grandioso, tú hazlo

aquí está el lápiz, hazlo funcionar.

Si la ventana está a tu derecha, estás en tu propia cama. Si la ventana está sobre tu corazón, y está cerrada a cal y canto, entonces estamos respirando agua de río.

Constrúyeme una ciudad y llámala Jerusalén. Constrúyeme otra y llámala Jerusalén.

Hemos venido de Jerusalén, donde no encontramos lo que buscábamos, así que hazlo de nuevo, dame otra versión

un cuarto diferente, otro pasillo, la cocina pintada una y otra vez

otro plato de sopa.

La historia completa del deseo humano tarda aproximadamente setenta minutos en contarse.

Desafortunadamente, no tenemos ese tiempo.

Olvídate del dragón, deja el arma en la mesa, esto no tiene nada que ver con la felicidad.

Adelantémonos al momento de la epifanía, en luz dorada, mientras la cámara se desliza a donde está la acción,

junto al lago y retroiluminada, y enfoca, lo suficientemente cerca para observar los aros azules de mis ojos mientras digo algo horrible.

Nunca me gustó ese final tampoco. Más amor que fluye hacia el camino equivocado, y yo no quiero ser el tipo de persona que dice el camino equivocado.

Pero no funcionan, esas tachaduras, ese constante replegamiento de los pliegues.

Hubo partes buenas, claro,

todo dulces de limón y bolas de melón, riendo en pijamas de seda

y los granos de azúcar en las tostadas, amor amor o lo que sea, toma un número. Siento tanto que sea una historia tan mala.

Querido Perdón, sabes que hace poco tuvimos dificultades y hay muchas cosas que quiero preguntarte.

Lo intenté en aquella ocasión, en la preparatoria, en el segundo almuerzo, y de nuevo, años después, en la piscina clorada.

Te sigo hablando acerca del auxilio. Todavía no poseo esos lujos.

Te he dicho de donde he venido, así que ponlo todo junto.

Nos aferramos a nuestros vientres y rodamos por el piso…

Decir esto debería significar risa, no veneno.

Quiero más puré de manzana. Quiero más asientos reservados para los héroes.

Querido Perdón, te guardé un plato.

Deja de trabajar en el patio y entra a comer.

tumblr_pf8a3iWoOL1u1az8lo1_1280

Poema que traduje en 2015 para Letras, y ahora traigo a la vista de nuevo porque Pablo y Arely descubrieron a Siken hace poco. Suframos todos juntos.

La consistencia de las oficinas a deshoras: un ejercicio en la futilidad

Abrí los ojos a las 5 de la mañana, creyendo que eran las 7 y luego, al intentar dormirme de nuevo, no pude creer que la alarma sonará las 2 horas después en la que debía, porque yo acababa de cerrar los ojos, pensando “si sonara la alarma ahora mismo, quedaría como idiota”. Quedé como una idiota, pero de todos modos hice el esfuerzo de levantarme e irme a mi (oh dioses) nuevo empleo.

De saber cómo soy, de saber la retahíla de tonterías que pienso de cada casual conversación, o del sonido de los tacones y zapatos que suben escaleras con prisas, estoy casi segura de que la persona que me extendió mi nombramiento (un desconocido amable pero indiferente, de esos que abundan ahí) me lo hubiera arrebatado de las manos y me mandaría hacia los soldados que en la entrada canjean armas por juguetes y nuevos billetes de Benito Juárez. “Llévensela lejos, donde nadie la encuentre”. Me imagino pequeñísima en el horizonte, arrastrada por un pelotón. Me imagino los disparos al unísono, a lo lejos. Escapismo, le dicen.

Hago un esfuerzo monumental: quiero huir, pero no lo hago. Quiero pararme de este nuevo escritorio y de este nuevo asiento y alejarme, pero no lo hago. No me malinterpreten: agradezco muchísimo tener un trabajo y poder tener un medio para continuar acrecentando mi colección de sombras para los ojos. O sea, que si pudiera evitarlo, lo haría, pero ¿quién no lo haría? Pienso que esa vida de bohemios intelectuales que tanto añoraba a los 13 años no es precisamente una vida barata. Por algo LORD FUCKING BYRON, en su calidad de noble descarado, es el bohemio por excelencia. Pero YO estoy atada a esa simple vida de pequeño consumista capitalista que no ha hallado la fórmula para esquivar el gloriado trabajo burgués. ¡Ah, la burocracia! ¿Qué acaso mi trabajo no es el sueño de todo medioclasero del siglo XVIII?

Vuelvo los pasos hacia la cordura. Esto se llama Ansiedad. Una condición que me es familiar en estos contextos de absoluta alienación. No sé qué hago aquí, no sé cuál es mi tarea, nadie sabe nada más que lo suficiente para hacer funcionar la gran maquinaria que habita este edificio. Nadie me conoce y yo no los reconozco de vuelta. Tiemblo de terror. Si estuviera en una obra de teatro, y mi función fuera la de hacer preguntas (como un coro a la compostura), diría en voz alta: SEÑORES, DE QUÉ DEMONIOS SE TRATA ESTO. He bromeado lo suficiente acerca de como las oficinas gubernamentales funcionan sostenidas en un palito de paleta y un clip como para saber que realmente no es una broma. Como ese truco de las sillas en el que cuatro personas se acuestan en las piernas de los otros, y una a una van quitando una silla, hasta formar un cuadrado que se sostiene en el aire. Si levanto el fondo de esta oficina, presiento, veré detrás un público, personal de luces, un director, una orquesta completa, todos mirándome de vuelta, como diciendo que vuelva a lo mío. El Truman Show Godín.

NewWideeyedGreathornedowl-poster

Estoy en mi escritorio, perforando hojas que deben ir en un cartapasio verde y rígido. Me tomo mi tiempo, alineando la hoja A4 para que en la carpeta no se vean fuera de lugar. Está lloviendo y nadie dice mucho. Se escucha el “chac, chac” de la hoja que se corta. Acomodo los memos de viejos a nuevos, primero enero 2018 y hasta el final agosto 2018. Membreto la carpeta, agregó la información adecuada a transparencia, guardo el cartapasio en un librero detrás de mi y vuelvo a sentarme a mi escritorio, pensando en cuál será la forma más rápida de acabar con mi vida ahora que ya no tiene sentido mi presencia en aquel lugar. Veo el reloj de la computadora: 8:34 am. Me quedan otras 7 horas de silencio e inutilidad. Chac, chac.

Me regaño a mí misma. “A la próxima, tómate 8 horas en hacer esto”.

¿Se acuerdan de mi Métrica Jane Austen para catalogar a mis jefes y/o situación laboral?

Bueno, pues ahora me encuentro en una danza sin sentido entre jefes, directores y secretarios que poca intención tienen de mandarme, torturarme o tomarme como su pequeña mascota, por lo que no podría hablar libremente de su relación conmigo. Al parecer, aquí yo soy dueña de mi tiempo y yo debo administrarlo como crea conveniente. No me queda de otra más que autocatalogarme y escojo al personaje austiniano que mejor me define: la crédula Catherine Morland, y este lugar es La Abadía de Northanger y yo estoy esperando encontrar trabajo riguroso, esfuerzos concienzudos y metas gloriosas, pero sólo hallo un teclado que no sirve, Windows XP, Mozilla y un garrafón que no surte agua caliente. Busco refugio en los baños, pero sólo encuentro olor a hospital abarrotado de enfermos. Salgo al patio, que huele a humo de cigarro. Atravieso el puente y del otro lado me saludan los techos de casas a las que nunca entraré, cuyos habitantes nunca conoceré.

Catherine buscaba en el Bath de la Regencia terrores, desmayos y fantasmas como en los Misterios de Udolfo. Quizá yo buscaba ese furor casi religioso de las oficinas japonesas (me enchinaba de la emoción al pensar en Estupor y temblores de Amélie Nothomb: ¡ah, las delicias del terrorismo godín!). Pero la cuarta transformación no ha llegado en este cubículo de mazmorra y debo someterme al chac, chac de la hoja bond que se perfora, al tac, tac de la plataforma llenada, al sigh y yawn intermitentes.

Me queda la salida de Amélie: defenestrarme en la primera oportunidad.

Para mi suerte, este edificio no tiene ventanas.