❈ ¿Cómo dices que te llamas? ❈

A los 11 años yo era todo menos yo.

Me acuerdo mucho de El Caballero Inexistente, de Italo Calvino, específicamente de Gurdulú, el vagabundo y loco del pueblo que se cree que es todo con lo que interactúa. Si ve un árbol, un árbol será, si ve un cuenco de agua, o un perro, o una lanza presta a atacar, también. Nunca vacío, siempre henchido de significado.

Entre cuarto de primaria y segundo de secundaria, yo era un Gurdulú de experta manufactura. No había más que ponerme el libro o la serie o la película enfrente para yo mimetizarme con aquel producto creativo. Incluso con conceptos abstractos que no comprendía completamente: el corazón rodeado de espinas del Sagrado Corazón, el color naranja, la liminalidad de los aeropuertos vacíos. Ya saben: esa sensación confusa pero certera de que algún engranaje en ti –grande o pequeño– cambió para siempre.

A los 11 años, también, yo ya era una experta en el teclado QWERTY y era de las pocas en mi salón de clases con un correo electrónico funcional. El mío: scabbers. Compuesto de mis iniciales SCAB y mi amor intenso y profundo por Harry Potter, así que Scabbers, a pesar de que fuer el nombre de la rata-animago-mortífago de Peter Pettigrew. En el momento decisivo de escoger mi nombre en la antíquisima página de hotmail, mi madurez triunfó: yo sé que pude escoger algo más ~quirky~ como “sara_lovegood” “jkrmidiosa”, pero sabía que parece aquel remoto 2003 nadie tenía scabbers como nombre de mail y me apropié de ese nombre.

Lo primero que hice con ese correo fue integrarme como miembro activo a HarryLatino. Por aquel tiempo, mi mamá y yo pasábamos horas en la computadora viendo la página de JKRowling.com, que en aquel entonces era una experiencia maravillosa: la página principal era el escritorio desordenado de Jotacá con diversos objetos interactivos: una goma, la pluma, una liga para el cabello, una envoltura de chicle de menta. Podía acceder a su biblioteca, a la zona de noticias, al pizarrón de corcho (en el que había un radio que tocaba canciones de Las Brujas de Macbeth) y un pasillo con una puerta y un espejo al fondo, en el que en ocasiones especiales, Jotacá posteaba noticias de los libros. Si esperabas 10 minutos en la página, Peeves volaba todo del escritorio y podías encontrar dibujos antaños de Dean Thomas o Hagrid. ¡Dios! Aquella página era pura magia.

Para ese tiempo mi mamá también me presentó el primer fic que leí en mi vida. Una historia de 7 cuartillas de una muchacha que conoce a Snape en el tren a Hogwarts. Mi mamá me dijo: Podrías escribir tu propia historia. Yo, asustada, pensé que no podía mancillar el trabajo de mi heroína personal. Más tarde, demasiado envalentonada, decidí escribir el primer capítulo de La Orden del Fénix (que empezaba con que Cho Chang le mandaba una carta a Harry y él no la leía y los Dursley se iban a un concurso de pays y Sirius recogía a Harry para llevárselo a la Madriguera). Sólo puedo decir que 1) gracias a Dios que eso desapareció del universo y 2) ¿por qué siempre quiero escribir un montón?

This slideshow requires JavaScript.

Lo que pasó primero es que en HarryLatino descubrí Potterfic, el foro y el chat de rol. Estos espacios fueron esenciales en mi crecimiento y lo digo sin exagerar. En Potterfic descubrí desde estructura literaria y suspenso ficcional hasta partes del cuerpo y su extraño funcionamiento. En el foro descubrí la gastritis inducida por el estrés ante los spoilers. En el chat de rol, por otra parte, aprendí a escribir sin ver el teclado y la esencia más profunda de mí misma. En aquel entonces, el chat de rol de HL era una pantalla verde con todos los esenciales: una columna donde podías ver quién o quién no estaba en el chat, el recuadro de las conversaciones, y el cuadro de texto en el que escribías y donde también había emoticones simples.

Para los menos enterados, me revelo: el chat de rol, como su nombre lo dice, es tomar un rol de tal o tal obra creativa y jugar con otros a que estamos en aquel mundo. En HL, normalmente, todos íbamos a Hogwarts y éramos estudiantes. Así que entrabas al chat e iniciabas la conversación con algo como:

tunombreñoño: *salgo del castillo y me siento abajo de un árbol* ugh estoy aburrida
elnombreñoñodeotrotip@: *llego con tunombreñoño y me siento a su lado* hey hola quieres ir a cazar ardillas mutantes al bosque prohibido?
tunombreñoño: *me paro y saco mi varita* vamos!! 🙂

Juro que era súper divertido.

Inocente yo, entré bajo el nombre de scabbers sólo para descubrir que los populares (y muy españoles) “hermione_granger” y “potter17” se burlaban de mí por haber escogido tan ridículo nombre. Me salí del chat y volví bajo el elegante nombre de katrina_black y la gente comenzó a respetarme un poco más, hasta que en una de nuestras usuales peleas de rol alguien me llamó “¡letrina black!” y yo, a mis inocentes 12 años, volví a salir del chat, busqué el significado de letrina y regresé, furiosa, en forma de un ominoso “.” y pasé días enteros aterrorizando a mis congéneres, que llamaron a aquel ataque “La Ira del Puntito”. Cambié mi nombre después por Lillian_Catweller, en miras de crear un personaje original, pero tampoco fue bien recibido.

Mi primera crisis de nombre comenzó ahí: si no era una rata, o miembro de la familia Black o incluso una bruja de cabello rojo y naranja (según los dibujos que Karen hacía en las partes traseras de nuestros cuadernos de secundaria), si ni siquiera era un puntito, entonces, ¿quién era yo?

Fue potter17 o king0weasley quienes me mostaron la amplia puerta del MSN (cuando platicaba con hermione_granger y se despedían diciendo: eh, a la misma hora en msn tío?) y logré que mis amigos niña_oscura y uriel-el-mago me agregaran y pasáramos del lúdico chat a las amistades a distancia en línea, con todo y zumbidos.

A lo que voy es que fue en esa preciosa época, en aquellos neblinosos años del AOL en disco e Internet que obstruía las llamadas vespertinas entre tías, en la que yo comencé mi ardua tarea de saber cómo diablos llamarme en la web. Y me refiero a un NOMBRE. Eterno y poderoso. Como el que escogían las monjitas de mi escuela, con el que sacralizaban el resto de sus vidas.

Mi nombre, Sara Andrade, estaba fuera de cuestión. ¿Quién diablos va y se hunde en las aguas profundas del internet para quedarse con lo que el acta de nacimiento dicta? Yo no.

Luego del intento fallido de scabbers, me decanté por la otra de mis grandes pasiones: la literatura. Luego de Harry Potter, leí a Chaucer y a María de Francia como si aquello fuera muy sencillo. Recuerdo haber sido, por un par de meses, “excalibur” y “ginebra12”. Recuerdo también haber leído un libro de Hechizos y pociones con Karen. En secundaria, impelidas por nuestra obsesión, intentábamos todos los métodos para ser mágicas: en nuestra iniciación wicca, ella y yo escogimos nuestros nombres. El mío fue Minerva. La efervescencia duró un par de semanas.

Luego, entrando a la prepa, recogí los libros que mi abuela, oh, gran sabia de la lectura, tiraba porque no le habían gustado o le habían parecido una perdida de tiempo. Tomé Al oeste del sol, al sur de la frontera y Crónica del pájaro que da cuerda al mundo de Murakami. Yo, caí rendida. Mi abuela, inmutable, me ofreció su reseña: “Están muy bien y todo, pero eso de que se mete a un pozo y eso… ya fue mucha locura”. En Metroflog yo me llamaba Scabbers (todavía dispuesta a no dejar morir ese nombre), pero pronto cambié el nombre por “PajaroQueDaCuerda” y luego por “Philia_”, por la película japonesa, All About Lily Chou-Chou.

En prepa, por ahí del 2009, acabé leyendo Sputnik, mi amor. Para ese tiempo, mi hermana y yo estábamos bastante inmersas en nuestra etapa weaboo japonesa, ella con Perfume (una banda de morritas cantoras) y yo con Murakami. En ese año fue cuando abrimos Tumblr y, claro, mi primer user fue “pajaroquedacuerda”. Y como Tumblr permite cambio ilimitados en el user, yo comencé una nueva exploración.

Luego de pajaroquedacuerda fui:

  • eyeslikepleiades (porque estaba traumada con las Pléyades)
  • pleaidism
  • quintaesencias (otra influencia medieval)
  • locutio (cuando tuve latín)
  • sputnikshine (que ahora es el nombre de mi correo de gmail)
  • sppputnik
  • bradamant (luego de leer el Orlando Furioso)
  • hagiografia (por los santos)
  • jehannedarcs (por Juanita de Arco)
  • janegayre (de la que estoy muy orgullosa)
  • y ahora, finalmente, sputnikan, que combina Sputnik y el “An” de Andrade.

Sputnik triunfó al final. Yo sé que es un nombre más bien común. Muchas personas me han preguntado: “Oye, ¿entonces eres la Sputnik de los memes literarios?” o “¿Eres Sputnik, la de youtube?”. Dios nos ampare. Con que no nos caiga la maldición del copyright murakamiano, yo y el cientos de chicas que se hacen llamar Sputnik estaremos a salvo.

Pero este es el nombre que escogí para mí, y he decidido que irá por delante de mí, en todas mis aventuras por el Internet. Me acuerdo mucho de la frase de Sputnik, mi amor que me hizo considerar nombrarme como Sumire:

-Tengo la cabeza atiborrada de cosas que quiero escribir. Como un granero atestado de cualquier manera -me dijo Sumire-. Imágenes, escenas, retazos de palabras, figuras humanas… Están llenos de vida dentro de mi cabeza, lanzando destellos cegadores. Y oigo cómo gritan: “¡Escribe!”. Pienso que de ahí tendría que surgir una gran historia. Tengo la impresión de que van a conducirme a algún lugar nuevo. Pero, llegado el momento, cuando me siento frente a la mesa e intento traducirlos en palabras, me doy cuenta de que se pierde algo vital. El cuarzo no cristaliza, todo queda en pedruscos. Y yo no llego a ninguna parte

Recuerdo haber estado leyendo y pensar que era algo que me sucedía de manera constante (y que me sigue sucediendo) y sentir una opresión en el pecho: no quería acabar como Sumire, perdida entre las rocas griegas de una isla en medio de la nada, sin la posibilidad de escribir nada más. Sentía ese destino como ominoso, cercano y posible. Como el propio satélite: “Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa”.

Pero yo quiero una palabra y necesito una promesa. Anclarme. Estar presente. Si era yo una nube perdida, el azul de las irregularidades lejanas en el horizonte, ahora quiero ser tan patente como el hígado rocoso de La Bufa. Necesito recrearme a mí misma, en cantera o en palabras. En palabras más simples: esta es mi marca.

Sputnikan. Sara Andrade. Es lo mismo.

Mucho gusto.

(Pero no te doy un beso en la mejilla, porque eso es horroroso).

 

Published by

sputnikan

Juana de Arco wannabe. Escribo porque, honestamente, no sé hacer otra cosa. Tengo muchas madres y muchos padres y muchos hijos. Me como la luz ámbar a cucharadas. Un día voy a vivir para siempre.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s